Nos volveremos a ver: Nemanja Vidic, el central de una generación.


“¿Cuántos centrales pueden decirte que de verdad les gusta defender? A Vidic le gustaba. Le encantaba el reto de meter la cabeza para pelear el balón. Podías sentir la emoción que experimentaba con esos balones divididos.”
          Sir Alex Ferguson.

El tiempo es despiadado y la adoración es peligrosa. Así que es interesante cuando ambos elementos se entrelazan para desembocar en un estado de desazón absoluta. Porque cuando tenemos a un héroe a quien admiramos y miramos como un ejemplo a seguir, corremos el riesgo de llevarnos una decepción y de sentirnos afectados por la caída en desgracia de alguien a quien una vez contemplamos desde arriba. Pero, de vez en cuando, como uno de esos extraños sucesos que no tienen explicación en este mundo, surgen esos héroes que hicieron lo que hicieron no por gloria personal o por satisfacer su propio ego, sino porque lo que tenían que hacer era lo correcto –ésos son los verdaderos héroes. Éste no era un héroe nacido para no cumplir su cometido y fue el tiempo, esa arma natural e inevitable, quien nos privó de verlo cumplir una última gran hazaña que tan merecida tenía. ¿Por qué? Porque simplemente había surgido de la nada para pelear y morir por los suyos. Lo diré sin tapujos: Nemanja Vidic ha dejado el fútbol profesional.


A un nivel personal, me es muy difícil no sentirme invadido por la tristeza y la añoranza en estos momentos. No solo soy un hincha del Manchester United, sino que también un admirador del trabajo de este gladiador balcánico; su carácter, su compromiso y su sacrificio son aspectos que siempre he valorado en cualquier ser humano, no solo en el fútbol, por lo que en él hallé a un símbolo que encarna, a mi criterio, todo lo que debería ser un central. Sí, su actualidad no ha sido la mejor y se retira con su contrato rescindido con el Inter de Milán tras un pésimo paso plagado de lesiones por la Serie A, pero es que hay mucho más en este personaje. Hay tanto que puedo decir de Vidic y tanto que siento, que , que se me va a escapar.

Probablemente, en el gran espectro de la historia del fútbol, cuando se mencionen a los mejores centrales de este deporte, el nombre del serbio no será mencionado y eso, a mis ojos, debería ser material para sentencia de cárcel. Vidic nunca tuvo ese factor “mainstream” para ser reconocido mundialmente como el mejor central de su generación aunque, ciertamente, lo era. “Muy psicópata para el club”, dirán algunos. Pero aquí yace la base de la grandeza de Nemanja Vidic: a él nunca le importó el éxito personal y muchas veces antepuso su propia salud física para el triunfo de su equipo –sin importar que en el proceso acabara sangrando, expulsado o peleando contra alguien del Liverpool.


Se nos va un cinco veces campeón de la Premier League, un ganador de la UEFA Champions League, un dos veces mejor jugador del año de la liga inglesa y un defensor que promediaba un título cada veinte partidos. ¿Y saben qué? Nada de eso importa. La carrera del gigante serbio es un testimonio al axioma inexorable de que si lo das todos por lo que deseas y trabajas sin cesar en tu oficio, lograrás tu objetivo. ¿Quién sabía, por allá en el 2006, que los Reds Devils se habían hecho con los servicios de un jugador que se entregaría en cuerpo y alma al club y que se volvería, en mi concepto personal, el mejor defensor central de la historia de la Premier League? No creo que ni el mismo Nemanja lo pensara, pero su destino le aguardaba muchas glorias y muchas batallas.

El viaje de Vidic comenzó en su Serbia natal, entonces conocida como Serbia y Montenegro antes de la separación de ambos territorios, en el año 2000 al salir de la excelsa cantera del Estrella Roja de Belgrado. Luego de una temporada en el primer equipo, fue cedido al Spartak Subotica, un club pequeño de su país, para pulirse en el oficio y luego regresar más fuerte y preparado en una de las dos instituciones más grandes de Serbia, en dura pugna con el Partizan de la misma nación –la experiencia de vivir una de las rivalidades más intensas y peligrosas de todo el mundo debió haber sido un bautizo de fuego para un joven defensor que comenzaba a tomarle el gusto a esto de ver el campo de juego más como un campo de batalla. Jugaría un par de temporadas bastante buenas en su país, estableciéndose como el capitán del Estrella Roja en el proceso, y ganando todo lo que podía ganar en Serbia con el equipo de sus amores hasta que el Spartak de Moscú arribó en el 2004 para contratar los servicios de este tremebundo central que daba de qué hablar en Europa del Este. Se fue a Rusia como capitán, campeón de un doblete local y como el defensor más caro de la liga rusa hasta esa fecha, aunque la cifra como tal nunca fue esclarecida (aunque sí se confirmó que fue el más caro). La presión no era nada nuevo para Nemanja y la historia iba a seguir por ese rumbo.


Sus dos temporadas en Rusia le hicieron llamar la atención del Manchester United en la primera mitad de la 2005/06, pero lo que no muchos saben, es que la Fiorentina estuvo cerca de ficharlo y al final el traspaso no se dio porque ya tenían las plazas de extracomunitarios ocupadas (los balcánicos eran categorizados como tal, aun siendo europeos). Y el United, vivos que eran, aprovecharon la oportunidad, pagaron siete millones de libras y Enero de 2006, Nemanja Vidic arriba a Old Trafford como el que acompañaría al asentado Rio Ferdinand en la zaga central –solo que las cosas no serían tan sencillas para nuestro protagonista.

Recordar los primeros seis meses del serbio en Inglaterra es una demostración de que uno puede revertir todo lo que se ha hecho y crecer a partir de las adversidades. Yo estuve ahí: yo vi a Vidic sufrir para adaptarse a la Premier y generar dudas a aquellos que lo veían, creando la idea de que éste era un jugador al que le había quedado grande la camiseta, cuando en realidad solo se adaptaba a la liga. Ferdinand, su eterno compañero en la dupla de defensores, reconoció que hasta dentro del vestuario no creían en Nemanja por lo frágil que se veía y éste, motivado y haciendo oídos sordos a lo que todos decían, se fajó en el gimnasio, en los entrenamientos y demás para convertirse en el mejor jugador que pudiera llegar a ser. Mirando atrás, hubo un periódico inglés que soltó esta perla durante las fechas en que Ruud Van Nistelrooy dejó el United para irse al Real Madrid en el 2006: “Nemanja Vidic no tiene la calidad para ser titular en ningún equipo del Top 6 de la Premier League”. ¿Dónde se habrá metido el que escribió eso?


Lo que vino después es una historia de éxito, de trabajo y de sacrificio que es difícil de narrar en momentos precisos o anécdotas interesantes. La carrera de Vidic debe ser vista como un logro absoluto de ocho años de duración y que lo vio lograr todo lo que un jugador de su calibre podría desear en sus sueños más locos –una carrera donde se erigió como un bastión en la zaga de uno de los mejores equipos de la historia del Manchester United. Con Rio Ferdinand forjó un entendimiento formidable que sirvió para muchos de los triunfos del club y cultivó una dupla de centrales que hizo historia; eran tan buenos juntos y se complementaban tan bien que el único otro binomio que he visto con mis propios ojos que se les asemeje en calidad, constancia y logros es el de Alessandro Nesta y Paolo Maldini –y a los hinchas del Milan que me leen no les gustará saber a cuál dupla prefiero. Defender es un trabajo miserable donde se resaltan los errores y no las virtudes; Vidic es de esos centrales que supo hacer del defender un arte. Era apasionado y capaz de poner la cabeza donde otros ponían el pie; se rompió la nariz un millón de veces por el equipo; se expulsó cuatro veces contra el Liverpool por ser más agresivo de la cuenta; no solo le ganaba a los delanteros, sino que también los dominaba mostrando su linaje batallador y su sangre balcánica en el proceso.


Para un servidor, quien creció viendo el paso del gran psicópata serbio en el United, Vidic es alguien que dio absolutamente todo por la institución y cuando se fue en el 2014 no sentía una tristeza tan profunda porque sabía que, si se iba, era por motivo de que en verdad ya no podía dar más por esta camiseta. Era lo correcto. Fue a Italia, pero las lesiones lo aquejaron en demasía y nunca pudo adaptarse a pleno al entorno del Inter, resultando en que rescindieran su contrato en enero y que su carrera no tuviera el desenlace heroico que se merecía. Se habló de un posible traspaso al Manchester para apoyar al equipo, pero pienso que fue lo mejor que no se diera puesto que no hubiera podido haber visto a un Vidic semi-retirado con la camiseta del club por el que se mató; no hubiera sido justo para su legado.

Resumo la obra y carrera de Nemanja Vidic como un monumento al trabajo, a la garra y al compromiso. Ni más ni menos. Nunca fue el central más lujoso ni nunca va a inspirar la poesía de los autores y de la media como sí lo hicieron Maldini o Beckenbauer, pero sí que jugó y peleó en la cancha para triunfar y ser respetado por cualquiera que sepa al menos tres cosas de este deporte. Su carrera no puede ser vista o medida por sus títulos –que tiene muchos-, sino por la constancia y la durabilidad de su altísima calidad –de cómo jugó en un nivel fenomenal por tanto tiempo y endurando tantos cortes, lesiones y sangrados en el proceso. Todo eso lo hizo porque, como todo héroe verdadero, sabía que era necesario para ganar.


Se ha retirado un guerrero, el mejor defensor central que ha surgido en el siglo XXI, la mitad de una de las mejores duplas que ha visto el fútbol moderno y un ejemplo para cualquiera que quiera dedicarse a esto. Para un servidor, se retira uno de los jugadores que más lo ha marcado en esto del fútbol y que representa una época maravillosa donde todo era nuevo y todo te sorprendía –simplemente, eran mejores tiempos. El tiempo, inexorable y temible, no le permitió irse a lo grande, pero éste héroe, este ídolo, no necesitaba eso: sus 14 años como profesional son pura grandeza.
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