Segundos para Recordar: Vinotinto Sub-20 y el comienzo de una leyenda.

“Es porque tú ya renunciaste a la idea de salir victorioso (…) ¿No escuchaste mis palabras? Tal vez estés preparado para morir peleando con Abel, pero como ya renunciaste a la idea de ganar antes de empezar, eso equivale a perder sin pelear.”

-Saga de Géminis.

Seré completamente sincero con ustedes: una parte de mí estaba aterrorizada ante la idea de escribir este artículo. Una razón era el hecho de que escribir esto luego de haber perdido la final contra Inglaterra le da al artículo un sabor agridulce que un servidor piensa que no debería haber tenido pero todos sabemos que la vida es lo que es (es el ka, como diría mi amigo Roland Deschain de la saga de la Torre Oscura de King). La segunda parte es algo mucho más emotivo e importante para mí: simplemente no creo que le pueda hacer justicia a estos muchachos. He disfrutado muchos años de mi vida perfeccionándome como escritor, pero hay momentos donde las palabras no alcanzan y muchas veces no son un justo representante de lo que vivimos y de lo que sentimos en este mágico mes, en especial aquellos que hemos seguido el fútbol venezolano por años. Estamos en presencia de una generación que ha sabido alzarse en contra de las dificultades de su entorno y han demostrado que no hay preceptos, ni prejuicios ni obstáculos que valgan cuando uno se empeña en sus objetivos.

En una sociedad desecha, destrozada hasta sus cimientos y que realmente no tiene mucho de qué enorgullecerse en estos últimos años, estos 23 jugadores y su cuerpo técnico han sabido dar una lección del mejor lado del venezolano y rompieron con un siglo de derrotas y de tragos amargos, tomando el testigo de los primeros héroes, que mencionaré más adelante. Por ahora, hay que hablar de estos muchachos de la Sub-20: no todos los días se llega a una final del Mundial, indiferentemente de su categoría, y en especial si eres un país como Venezuela.

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Pero si hay algo que quiero que entiendan, es que esto no es producto de la suerte o de la casualidad; estos muchachos son genuinamente buenos y lo demostraron en el Suramericano que les valió la clasificación, tal como explicamos en este blog. Venezuela llegó al Mundial Sub-20 expectante, pero consciente de sus capacidades. Esta selección no fue espectacular en el Suramericano, pero había demostrado ser un equipo que podía mirar de tú a tú a cualquiera y es por eso que se arribó a Corea del Sur con esperanzas, con ánimos. Agregamos en esta ecuación el “fichaje” de Adalberto Peñaranda y contábamos con una pieza que podía marcar una diferencia significativa, además de tres jugadores de categoría Sub-17, como era el caso de Christian Makoun, Jan Hurtado y uno de los protagonistas del torneo, Samuel Sosa (los dos primeros tuvieron grandes actuaciones en el Suramericano Sub-17, donde Venezuela no clasificó pero se jugó muy bien). A pesar de que el propio Peñaranda y Yeferson Soteldo llegaban con algunas molestias, los que habíamos seguido a la selección sabíamos que había calidad y talento para enfrentar el grupo completado por Alemania, México y Vanuatu. Pero lo que pasó a continuación traspasó nuestros sueños más locos y nos introdujo en lo que parecía ser una vivencia de lo más irreal.

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El partido contra Alemania, mirando en retrospectiva, nos demostró a un seleccionado teutón que dista mucho de sus grandes equipos juveniles -ni hablar de aquella generación del 2009 con Hummels, Özil, Neuer o Boateng, por mencionar a algunos-, pero que no disminuía la brillante actuación de Venezuela en todas sus facetas y los grandes goles de Sergio Cordova, quien era alguien a quien un servidor veía como suplente debido a su actuación tan gris en el Suramericano pero que supo hacerse con el puesto con tremendas actuaciones, y Ronaldo Peña, quien tras haber recibido una infinidad de críticas por el implacable público venezolano, se despachó uno de los mejores goles del Mundial y con una celebración digna de todo el bullying que había recibido hasta ese punto el Mario Mandzukic criollo.

Los partidos contra Vanuatu y México mantuvieron al equipo en la misma línea: una línea defensiva muy sólida, un mediocampo compacto gracias al binomio Yangel Herrera – Ronaldo Lucena –de la dinastía Lucena y que en este torneo creció mucho, hasta convertirse en un jugador que consideraría para la mayor; un mediocentro moderno- y un ataque en estado de gracia con Peñaranda y Cordova a la cabeza, pero con la impronta constante de Peña, Ronaldo Chacón y el pequeño genio del equipo, Soteldo. Las actuaciones en la fase de grupo mostraron a Venezuela como la mejor selección del Mundial y como un equipo de armas tomar en todas sus facetas; la etiqueta de favorito ya había sido colocada y supieron manejar la presión en momentos críticos con un aplomo inusitado para un combinado venezolano.

Lidiar con una prórroga es algo difícil hasta para los Madrids, Bayerns y Barcelonas del mundo; lidiar con tres prórrogas en el espacio de dos semanas, teniendo menos de veinte años y siendo de un país donde ni siquiera las tres comidas al día están garantizas, es algo casi utópico. Pero lo lograron. La Vinotinto Sub-20 despachó a Japón, Estados Unidos y a Uruguay en este orden en partidos con dos actuaciones muy buenas en los dos primeros casos y con una más peleada que jugada en el último, como suele ser con los charrúas que ya tenemos de hijos. Y a pesar de eso, se logró porque el equipo tuvo pegada, como se demostró en el gol de Herrera contra Japón –me preguntó si Pep estaba mirando-, el gol de Ferraresi, posiblemente el mejor central que ha producido Venezuela hasta ahora, contra Japón o ese golazo que todo un país gritó de Sosa contra Uruguay, siendo quizás el gol más importante de la historia de la Vinotinto y realizado con una maestría que Juan Arango, el más grande de todos, seguramente aprobó con el pulgar.

Mención aparte merece el otro héroe del partido contra Uruguay, el portero Wuilker Fariñez. Para los que seguimos el fútbol venezolano y a la selección, el nivel de Wuilker ya no nos sorprende; lo que todavía nos sorprende es su serenidad. Yo sabía que era capaz de parar los penales que paró en la tanda contra la celeste (no evitó que me salieran lágrimas por eso); lo que no sabía es que tuviera la madurez y la compostura para celebrar tal vez el mayor logro de su joven carrera alzando levemente sus manos al cielo, como agradecimiento a Dios, y caminando para darle la mano a los uruguayos. Lo diré sin tapujos: Fariñez es un elegido del fútbol, de la misma manera que todos los grandes porteros. Más que la tanda de penales, vean la parada que hizo en el tiempo extra, cuando Rodrigo Betancur de Boca Juniors (creo que era él, pero pueden corregirme) trató de hacer un gol olímpico desde un saque de esquina y Wuilker evitó que el balón entrara, ¡con sus pies! Ojalá que un gran equipo ya lo tenga en la mira; si hay un jugador que puede ser de talla mundial de esta generación, es éste chico, pero afortunadamente un par de ellos también pueden llegar muy lejos.

Y bueno, llegó el 11 de Junio de 2017 y nos encontramos con el último escollo: Inglaterra. Ganaran o perdieran, estos muchachos ya eran ídolos y quizás hasta leyendas. Pero todos queríamos ganar y en los 90 minutos en la cancha jugaron como futbolistas que quieren ser campeones. Se puede aquejar fatiga, se puede decir que Peñaranda falló el penal –un penal que me acosará por años, como la expulsión de Nani contra el Madrid en el 2013- o que Inglaterra no hizo méritos (y yo estaría de acuerdo con eso), pero la realidad es que a Venezuela le faltó ese último empuje para empatar el partido, como sí se hizo contra Uruguay, por ejemplo, o para definir contra Japón o Estados Unidos. Y si somos brutalmente sinceros, dejando de lado un penal a Peñaranda que realmente no fue, las únicas oportunidades claras fueron un tremendo tiro libre de Lucena en el primer tiempo y un mano a mano de Cordova en el segundo. En líneas generales, los dos equipos habían jugado muy buen fútbol en el torneo y en la final estuvieron por debajo de sus capacidades, cosa que se entiende ya que son apenas muchachos en formación.

Era una posibilidad histórica y no se logró. Sí, es muy doloroso y nos tomará años poder comprender la magnitud de lo logrado, pero eso no menoscaba una actuación para el recuerdo ni el gran trabajo que ha hecho Dudamel para establecer un grupo extremadamente unido y que sabe a lo que juega, mejor que cualquier otra selección en nuestra historia y esto debe ser la línea que se debe seguir hacia el futuro. Muchos de estos chicos crecieron viendo las hazañas vinotinto como el Centenariazo, las diabluras de Arango en España o Alemania, a los cientos de venezolanos que se fueron al exterior y el fútbol criollo ganando respeto de manera progresiva; crecieron pensando que sí se podía con el ejemplo de los antecesores y con la arrogancia e irreverencia de la juventud. Lograron esto con disciplina, ambición y por un país destrozado por la corrupción de la clase política, demostraron que el venezolano puede alzarse de las adversidades. Muchos de ellos tuvieron que aportar su propio dinero para el viaje y solamente contaron con el apoyo de Adidas y de las Empresas Polar de Venezuela; la Federación y el régimen no aportaron nada, así que no se adjudiquen ningún logro.

Esto es un logro de los venezolanos, pero es importante dejar algo bien en claro: esto no puede quedar aquí. Llegar a una final de un Mundial Sub-20 es maravilloso y nunca lo olvidaremos, pero muchas selecciones de Nigeria, por dar un ejemplo, lo han hecho y sus talentos se han estancado en las mayores, por lo que hay que seguir trabajando y formando jóvenes en estas categorías y que crezcan en la mayor, comenzando con estos muchachos. Y es que me dolería sobremanera mirar cómo éstos jóvenes talentos se pierden: Fariñez puede volverse un portero de clase mundial; Ronald Hernández es un lateral derecho de calidad; Velázquez y Ferraresi pueden ser la dupla de centrales de la selección por la próxima generación; Yangel Herrera ya es propiedad del Manchester City y Ronaldo Lucena mostró una clase, un buen pie y una distribución que no le había visto antes; Cordova dio unas actuaciones bestiales, dominantes y que lo pueden volver un extremo demoledor a futuro; Peñaranda, cuando se enfoca en el equipo y no en su gloria personal, puede ser la figura de la selección; Peña es un obrero incansable que debe mejorar en su definición y Soteldo es un mago que cada partido me sorprende más.

Entiendan (y esto lo digo casi hasta el punto de la exasperación), yo no soportaría ver que esta generación se perdiera. Tal vez es por el hecho de que soy solamente dos o tres años mayor que muchos de ellos (cinco o seis de los Hurtado, Makoun y Sosa) y que me siento muy representado por ellos, pero es que estamos hablando de una camada de talentos generacionales que puede emular, de la mano motivacional y táctica de un prócer de nuestro fútbol como Dudamel, lo logrado por Chile en los últimos tiempos. Yo no pienso que sean grandes jugadores porque sean de mi país; digo que son unos grandes jugadores porque son unos futbolistas de puta madre. Y por más dolorosa que haya sido la derrota en la final, esto no termina para ellos. Dejen que Inglaterra tenga el trofeo; ustedes, los 23 futbolistas venezolanos, pueden tener las carreras y no dejen que absolutamente nadie les diga que no pueden ser los siguientes cracks de Suramérica.

No dudo de que éste no es el último capítulo del libro; aún faltan páginas por escribir y sé que no es lo último que sabremos de muchos de estos muchachos. Porque contrario a lo que dice Saga en la frase al comienzo de este artículo, estos chamos nunca renunciaron a la idea de salir victoriosos; pelearon hasta el final en todos los partidos con una confianza y una naturalidad que ninguna otra selección venezolana ha tenido; pelearon y jugaron siendo impulsados por el espíritu de todo un país que ha sido desmembrado vivo y por todos los jugadores y cuerpos técnicos que han trabajado para sacar adelante al fútbol venezolano, incluso en tiempos de mucha dificultad. Estos 23 jugadores son un producto de todo ese esfuerzo y son una generación que va a demostrarle a muchos que el esfuerzo no se negocia y que el éxito es para quien esté dispuesto a darlo todo.

Yo soy solamente un escritor que ama el fútbol y que ama a su país; no me considero nacionalista (más bien odio el nacionalismo), pero siento orgullo de ser venezolano. Estos muchachos me recuerdan por qué me siento orgulloso de serlo; demuestran todas las idiosincrasias que hacen bueno a este país y por fin han sabido llevarlo a la cancha. Estoy seguro que los Arango, los Rincón y demás estarán muy orgullosos de ellos y con razón: son los ídolos y leyendas que allanaron el camino para ellos. Y un servidor, desde su butaca personal y observando desde la distancia del tiempo, solamente puede agradecerles por lo que han logrado y por lo que lograrán.

Muchas gracias, muchachos de la Sub-20. Muchas gracias, Dudamel.

Nos vemos en Catar 2022. Es una promesa.

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